Aromaterapia

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Desde que llegamos a este mundo, el olfato, la memoria y las emociones “caminan de la mano”. Desde los aromas de nuestra infancia hasta el perfume del ser amado. Si hacemos historia, desde la prehistoria las mujeres recolectaban partes de plantas, ricas en aceites esenciales, que utilizaban para provocar efectos precisos en el organismo (desde solucionar problemas digestivos hasta infecciones dérmicas), como así también advirtieron que algunos aromas causaban euforia o excitación, y otros podían inducirlos al sueño o a la meditación.

Las primeras civilizaciones 40 siglos A.C ya conocían preparados con aceites esenciales que se utilizaban en medicina, cosmética, baños, y para armonizar los templos. Los egipcios descubrieron una forma primitiva de destilación, utilizando distintas plantas que cultivaban para la extracción de perfumes, que utilizaban como medicamentos, como ofrenda religiosa y como facilitadora de estados de expansión de la conciencia.

La Aromaterapia “renace” en el mundo moderno cuando, en el siglo XX, René Maurice Gatefosse (químico francés), llamado “el padre de la aromaterapia moderna”, la incorpora a la medicina natural. Todo sucedió cuando, trabajando en su laboratorio, tuvo grandes quemaduras en una mano y la sumergió en un recipiente de aceite esencial de lavanda comprobando así los efectos curativos, que no sólo le calmaron el dolor sino que evitaron la infección y no dejaron rastro alguno del incidente.

Trabajando muy de cerca con aceites esenciales pudo constatar que contenían poderosas propiedades antisépticas y curativas, y demostró que la piel puede absorber sustancias grasas, siempre y cuando su estructura molecular sea suficientemente pequeña, como es el caso de los aceites esenciales. En 1928 publicó su libro de Aromaterapia que causó gran revuelo en el medio, ya que sostuvo su descubrimiento de que al inhalar ciertos aromas es posible aliviar estados de ansiedad y depresión.

En Milán (Italia), el Dr. Paolo Rovesti aliviaba la depresión y estados de ansiedad haciendo oler a sus pacientes trocitos de algodón embebidos en aceite esencial, estimulando su sistema límbico y liberando así situaciones traumáticas.

El médico y cirujano Jean Valnet aportó la mayor contribución a la aromaterapia para ser valorada y reconocida como medicina capaz de curar. Utilizaba aceites esenciales para las heridas y quemaduras de los soldados en la Segunda Guerra Mundial, logrando con ello aliviar tanto problemas físicos como mentales en pocos días, corroborando así la rapidez con que actúan los aceites en el organismo.

Los trabajos de Marguerite Maury deben ser considerados “pilares” en este campo. Considerada pionera de la aromaterapia holística, la bioquímica francesa Margueritte Maury (austríaca de nacimiento), a quien no convencía suministrar los aceites por vía oral; y basándose en las distintas formas de incorporarlos al organismo, desarrolló una técnica de masaje aplicando aceite en los centros nerviosos de la columna vertebral y en el rostro. Ella introdujo la proporción de la fórmula específica de los aceites en cada cliente que visitaba su gabinete para embellecerse y rejuvenecer; pudo comprobar así que en muchos de ellos habían desaparecido dolores crónicos de cabeza, dolores reumáticos y estados de insomnio, y que los efectos eran prolongados. Ella desarrolló un masaje especial aplicando aceites esenciales en las terminales nerviosas, e introdujo el concepto de prescripción individual (PI), donde las esencias mezcladas se ajustaban no solo a los requerimientos físicos sino también a las circunstancias y al temperamento de cada uno de sus pacientes.

Los científicos P. Franchomme, D. Pénoël y Fhanel han dedicado más de 20 años a la investigación médico-científica de los aceites esenciales en los procesos bio-energéticos del ser humano, con lo cual cada día se pisa terreno más firme en este campo.

La Aromaterapia nos ofrece encontrar la combinación justa de Aceites Esenciales para aliviar el síntoma físico, para nuestra higiene, eligiendo los aromas apropiados para cada uno de nosotros y preparar nuestros propios productos de tocador,  como  también acompañarnos en nuestro desarrollo espiritual. Pueden ser nuestros aliados para

  • Purificar y preparar el lugar para meditar
  • Ayudar a aquietar la mente de pensamientos cotidianos.
  • Profundizar y serenar la respiración.
  • Conseguir claridad mental
  • Balancear los chakras
  • Llevar la energía a tierra
  • Armonizar la energía de un grupo.

Las plantas son las grandes alquimistas de la Naturaleza. Son los únicos seres vivientes capaces de transformar la luz en materia, por eso son mediadoras entre el cielo y la tierra, entre lo más sutil y lo más denso.

El contacto con ellas y con su quintaesencia, los aromas naturales, nos eleva y nos transmuta.